Inauguración de ALMA

— Rainer Mauersberger

El 13 de Marzo pasado tuvo lugar la inauguración del telescopio ALMA, un conjunto de -eventualmente- 66 antenas que explorarán el cielo en el rango de ondas milimétricas y submilimétricas del espectro electromagnético. A diferencia de un telescopio óptico, lo que observará principalmente ALMA serán las componentes más frías del universo, específicamente el material del cual se forman las galaxias, estrellas y planetas. La consigna de ALMA es “Explorando nuestros orígenes cósmicos”, y será utilizado por astrónomos de todo el mundo con experiencia en distintas áreas. Aunque aún no están instaladas todas las antenas a 5000 metros de altura en el altiplano de Chajnantor, ALMA ya está entregando regularmente datos científicos.

Cerca de 400 visitantes VIP y periodistas de todos los países que participan en ALMA (desde los EE.UU. y Canadá, países europeos a Japón y también Chile) se reunieron en el campamento base de ALMA situado a una altura de 3000 metros, para escuchar los discursos de políticos, científicos y administradores, y para ver las antenas de ALMA en movimiento. Como uno de los científicos involucrados en la construcción de ALMA, resulta que estaba presente ese día. Fue una vista inusual la que ofrecían la gente en traje y corbata en el medio del desierto. Durante esa época del año, todavía hay posibilidad de tormentas debido al “invierno del altiplano”, pero tuvimos suerte y el clima fue perfecto. Luego de la inauguración y el almuerzo, todos los VIPs y periodistas tuvieron la posibilidad de visitar los lugares donde las antenas son ensambladas y testeadas, así como también de ver el gigantesco transportador para las antenas y la sala de control desde la cual todas las observaciones son coordinadas.

Las antenas de ALMA

Periodistas y otros visitantes VIP siempre tienden a realizar las mismas preguntas: Si ALMA es capaz de detectar vida en el espacio, si habrá algún premio Nóbel, etc. Esta vez, tuve varias sorpresas. Entre los VIPs con los que tuve el placer de hablar en la sala de control, se encontraban el ministro de educación y ciencia de Portugal, Nuno Crato, y Anne Glover, la asesora científica en jefe del presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso. Primero les expliqué qué es lo que hemos estado haciendo durante los últimos años para construir ALMA, nuestras primeras observaciones, la manera en la que coordinamos nuestro trabajo entre los integrantes de los diferentes socios de ALMA, y estaba preparado para oír preguntas como las que mencioné anteriormente.

En la sala de control

La primera sorpresa provino de Nuno Crato. Me preguntó por detalles acerca de la calibración de nuestros datos, y cómo podemos asegurar que la posición relativa de las antenas sea siempre conocida con una precisión de una fracción de longitud de onda. Se lo expliqué, pero no pude ocultar mi sorpresa y le comenté, con una sonrisa, que para ser un político estaba notablemente bien informado. Nuno Crato se rió y confesó que antes de convertirse en político, había sido profesor de ciencias. Fue entonces el turno de Anne Glover de realizar una pregunta: “Ahora que usted y sus colegas internacionales han hecho ALMA posible”, me preguntó, “¿No sienten que como científicos pueden lograr lo que sea?” Tuve que hacer una pausa y respirar profundamente ya que no estaba preparado para ese tipo de preguntas. “Debe saber que incluso con un presupuesto de poco más de mil millones de Euros y un excelente equipo, hay límites en lo que se puede lograr”, fue lo primero que pensé. Me llevó un par de segundos hasta que puse orden a mis pensamientos y comprendí por qué hacía esa pregunta. Esto es lo que le respondí:

“ALMA no es solamente el observatorio terrestre más ambicioso del mundo, también es el primer proyecto científico a gran escala donde los participantes y el dinero provienen de varios países en tres continentes. Ninguno de los participantes domina el proyecto, y cada uno aporta experiencia en diferentes áreas y tiene su propia idea de cómo debe ser administrado un proyecto. A pesar de todas esas diferencias culturales y políticas, hicimos que ALMA funcione. Algunos de los interrogantes más apremiantes que la humanidad enfrenta, como por ejemplo el cambio climático, también tendrán que depender de la colaboración y experiencia científica internacional, y aún más que en el caso de ALMA, en la diplomacia y gente que pueda confiar los unos en los otros. ALMA ha demostrado que eso es posible, y quizás ese sea uno de los principales logros de este observatorio.”

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